En la huella de los cracks PDF Imprimir E-mail

 

Con 18 años y nueve partidos en Primera división, Sebastián Coates ya es figura en el equipo de Nacional que quiere hacer historia en la Libertadores y en el Uruguayo.

 

 

 

PUBLICADO EN "EL OBSERVADOR"
 
 Las plantas que la mamá tanto cuidaba sufrieron los primeros pelotazos de Sebastián Coates (7 de octubre de 1990). El fútbol lo atrapó antes que el Play Station, y el pasillo de su casa fue la cancha adecuada para desarrollar esa pasión. “Cuando llovía era imbancable acá adentro”, confiesa a El Observador el zaguero de Nacional, sentado pacíficamente en el living de su domicilio, en Malvín Norte. Eso sí, jura que jamás rompió un vidrio.
Eran tantas las ganas que tenía de jugar a la pelota que terminó convenciendo a su madre para que lo llevara a la escuela de fútbol del Club Banco República, donde además practicó básquetbol. Ahí aprendió los primeros fundamentos futbolísticos, pero se aburrió pronto; era el más alto y el de mejores condiciones. “Acá en las viviendas (Jardín de la Cruz, donde vive) éramos muchos gurises que vivíamos jugando al fútbol. No me gustaba estar encerrado”.
 
A su madre no le agradó el ambiente del baby fútbol y, por tal motivo, Sebastián no pasó por esa etapa: “Mi vieja no soportaba que los padres estuvieran presionando a los gurises ni que se acercaran los representantes”. Concurrió a la escuela pública número 189 y a los liceos 20 y 10. Estudió hasta quinto biológico y abandonó por el fútbol, pero piensa en algún momento volver a los libros.
 
En 2001 se incorporó a Nacional. “Me ofrecieron para probarme en Danubio, pero para mí era un sueño jugar en Nacional. La primera práctica fue en el Parque Central, que tenía su historia, aunque en ese tiempo estaba un poco caído”. A los 11 años comenzó a diseñar su futuro tricolor.
 
De aquel tiempo de sueños extraña a muchos compañeros que por distintas circunstancias no llegaron a Primera “y les perdí el rastro”. También echa de menos ir al Parque Central todos los días, aunque de cualquier modo es afortunado: “Me tocó integrar una generación muy buena, donde subieron casi todos y hoy estoy con ellos. Por eso siempre aparezco abrazado al Morro o a Mauricio (Pereyra)”.
 
Con ellos fue campeón en Quinta, en Cuarta, dos veces de la Punta Cup y un año después se clasificaron a las semifinales de la Copa Santander Libertadores.
 
Una avalancha de sucesos que aún no mide en su totalidad este chico de 18 años que no sabe manejar y por eso, cuando se traslada en ómnibus, siente en la nuca las miradas furtivas que despierta la fama. “Es un mundo nuevo para mí. La gente me reconoce en la calle. La mayoría me alienta y me dice que siga así, aunque también recibí algún insulto de los hinchas de Peñarol; pero nada que me haya hecho reaccionar”.
 
Cuando lo convocaron para integrar la selección sub 17 se dio cuenta que el mundo puede girar alrededor de una pelota. “Fue un gran cambio para mí porque entrenaba en el Complejo de la selección y viajé a otros países”.
 
En el verano de 2008, Gerardo Pelusso lo invitó a participar de la pretemporada en San José, como capitán de la generación que había ganado la Punta Cup. “Fue una linda experiencia compartir con esos jugadores”. Su personalidad transmite paz y la pedantería no se trasluce en sus ojos celestes. Es un muchacho de barrio y adora a su gente aunque las conversaciones últimamente sean monotemáticas. “Ahora solo me hablan de fútbol, me preguntan cómo fue tal partido o cómo marqué a tal jugador. Cuando quiero salir de ese mundo, me meten; hay que acostumbrarse”.
 
La mezcla de futbolistas experimentados con juveniles es uno de los puntos altos del actual plantel de Nacional. “El Cacique (Medina), OJ (Morales), el Hueso (Romero), Victorino, Domínguez y Matute (Morales) siempre nos están hablando a los más chicos y nosotros tenemos la virtud de escucharlos. Nos ponen los pies sobre la tierra y nos dicen que se nos va a acercar gente por la fama. Hacía tiempo que no se veía en Nacional un grupo tan unido. También es importante el apoyo de la familia para que uno no se maree”.
 
Admira el carácter del capitán de la selección Diego Lugano. “Aunque no me gusta compararme ni imitar a nadie”, confiesa. De Hugo De León le gustaría escuchar sus experiencias: “Me dicen que tengo cosas parecidas a él, pero prefiero que me recuerden como soy yo”.
 
Hace nueve partidos que debutó en Primera división y el principio no fue fácil, aunque sus desplazamientos en la cancha engañaran al tribunero. “Después que volví del Sudamericano sub 20 entrené dos o tres meses con el plantel principal antes del debut y fue fundamental para agarrar el roce y aprender las mañas de Primera, como meter el cuerpo y las manos. Cuando viene una pelota por arriba es fundamental meter el cuerpo”.
 
Sus metas no son pelotazos largos, sino pases cortos y seguros. “Tengo la manía de proyectarme en períodos cortos. Ahora mi objetivo es llegar lo más alto posible con Nacional en la Libertadores y ganar el Uruguayo. Después, la selección y el Mundial sub 20. Representar a tu país es muy importante y muy lindo”.
 
La presión no figura en el diccionario de su diario vivir. “Yo no la siento porque mi familia me aconseja bien y me mantiene a raya. No tengo el peso de salvar a mi familia con el fútbol. Tampoco me pongo a pensar si soy un elegido”.
 
Cuando el periodista le consulta si la presión se la derivó él con sus buenos rendimientos al técnico Pelusso, sonríe. “Me parece que no es un hecho malo, es bueno que haya presión en un cuadro porque quiere decir que todos andan bien”. ¿Y Romero, no le dijo nada porque le sacó el puesto? Vuelve a sonreír. “No, me felicitó, como todos”.
 
 
Imagina. “Nacional va a llegar a algo muy importante porque hay un muy buen plantel y el grupo está concentrado. En esta Copa no hay un cuadro al que no se le pueda ganar”. Le sorprendió la forma en que encaró Palmeiras el último partido. “Me llamó la atención el juego que plantearon en un Estadio lleno, con la historia del Centenario y frente a Nacional”. Cuenta que lo “conmovió” el recibimiento del público ese día en el Estadio.
 
Mañana se juega la primera semifinal del Campeonato Uruguayo y Coates ya sabe la exigencia que tendrá ese partido. “Todas las finales son distintas. Defensor Sporting tiene la presión porque quiere ser bicampeón, pero nosotros también, porque si se da la desgracia de quedar afuera de la Libertadores y perdemos el Uruguayo, nos quedamos sin nada”.
 
La mamá de Sebastián es fisioterapeuta y el papá funcionario de OSE. “Hace agua”, bromea. Justo lo que no puede hacer él si quiere triunfar para ponerle un vivero a la madre y reponerle aquellas plantas que le marchitó a pelotazos.
 
 
“Te mareaste con los aplausos”
La jugada del último clásico, en la que Peñarol reclamó penal de Coates contra Bueno sobre el final del partido, fue la primera lección que le dejó el fútbol grande. “Siempre dije que puse el brazo, pero en ningún momento le hice fuerza, ni para atrás ni para adelante. Lo que me dejó esa jugada es que faltando tan poco no podemos quedar mal parados. Después, son esas manías de los delanteros que también tengo que aprenderlas”. Otra lección: en el último partido, ante Palmeiras, cuando hizo un enganche de más y generó un contragolpe: “La pelota me quedó para la pierna inhábil, quería acomodarme y el tema fue cómo me acomodé. Igual los compañeros me cargaban y me decían: ‘Te mareaste con los aplausos´. ¿Otra lección? “Que ningún rival es imposible. Cuando fuimos a Brasil no estábamos jugando bien, pero encontramos un gol de Santiago y empatamos”. La última enseñanza: “Si no hay un buen grupo no se logran cosas importantes. Me baso en el día a día, donde no hay roces que le resten al grupo, hay como en todo, pero no de los que restan”. 
 
Mejorando la maquinaria humana
 Un grupo empresarial brasileño le adquirió a Nacional el 30% de la ficha de Sebastián Coates en US$ 180 mil antes de que este debutara en Primera división, y contrató a un preparador físico personal para el futbolista. “Entreno todos los días en Los Céspedes y a veces voy al gimnasio del Banco República para ensanchar la caja torácica. Hago musculación y otros trabajos que solo los preparadores físicos saben. Los cambios en el físico se sienten”.
La idea es que el cuerpo no experimente demasiado el cambio de entrenamiento si le toca jugar en el exterior, principalmente en el fútbol europeo.
 
La rutina extra que realiza es coordinada con el cuerpo técnico de Nacional. “Mis representantes me dijeron y estuve de acuerdo con ellos en que había que estar en contacto con el preparador físico del club para regular las cargas y que no hubiera problemas”.
 
Sebastián no pone reparos en el trabajo. “Vivo de jugar al fútbol y todo lo que sea para mejorar, bienvenido es”. Mucho se habla de su pronta transferencia, “pero yo no sé nada y no me gustaría irme tan rápido”.
 
FRASES
“Nunca hablé con Hugo De León, pero me gustaría compartir las experiencias que tuvo él. Me gusta también la personalidad de Lugano”
 
“Hace siete años que estoy en Nacional y ahora que cumplí el sueño de jugar en Primera, me gustaría quedarme un año por lo menos. Se lo dije a mis representantes y lo entendieron”
 
“Le pedí la camiseta a Keirrison, me la dio y me sorprendió que me dijera: ‘Ve con Dios´, después que le pegué todo el partido. Ahora me gustaría la de Verón”