El entrenador dijo que cree en los ciclos y que este se cerró "como todos queríamos"
Los campeones uruguayos volvieron a casa, algunos de ellos para despedirse. Por ejemplo, fue el último día para el "Hueso" Romero, quien hoy, a las 11 de la mañana, viajará rumbo a México para enrolarse al Querétaro. También lo fue seguramente para Rodrigo Muñoz, quien tiene todo arreglado con Chievo Verona, aunque todavía falta la firma. Y también lo fue para Gerardo Pelusso y sus colaboradores, el profesor Javier Carballo y Mauricio Larriera.
Cuando anoche llegué a la redacción de El Observador -apenas consagrada la clasificación de tricolor- y comenté que Nacional había realizado un gran partido, me llovieron las críticas. Me tildaron de exagerado. Aunque seguía convencido de que en el Estadio Centenario había asistido a uno de los planteamientos más inteligentes realizados por un equipo uruguayo en los últimos tiempos, igual dejé margen para la duda y me pregunté si realmente el equipo dirigido por Gerardo Pelusso era merecedor de tantos elogios... (Columna de opinión del periodista Luis Eduardo Inzaurralde. Continúa...)
Llegó al Club Nacional de Fútbol como una suerte de salvavidas, con la tarea concreta de reparar el desastre causado por su antecesor Daniel Carreño, quien, incomprensiblemente, había sido designado por segunda vez como técnico de la vieja institución, pese a sus pobres antecedentes. Y luego de unos comienzos algo vacilantes, obtuvo un éxito innegable. Nacional ganó los torneos de verano (que incluyeron dos victorias clásicas), comenzó a jugar mucho mejor, a obtener excelentes resultados (4-0 a Defensor) y a encaramarse en la tabla de posiciones del Campeonato Uruguayo.